21 May 2017

Alles ist Kritik

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« Alles ist Kritik » (Todo es crítica) es el nombre (súper snob, lo admito) de mi seminario de crítica de arte y de arquitectura que acabo de terminar esta semana. La idea de la clase me vino al final de mi primer seminario sobre exposiciones de arquitectura, al recordar el excelente libro de Alexandra Lange “Writing on Architecture” que leí en el 2011. En el libro, Lange explica su método para enseñar la crítica arquitectónica a estudiantes de NYU: leen y comentan textos de importantes autores, visitan edificios y los estudiantes escriben sobre ellos. Fue gracias a este libro que descubrí y me enamoré de críticos como Ada Louise Huxtable, Herbert Muschamp y Michael Sorkin.

« Alles ist Kritik » (Everything is criticism) is the (super snob, I admit it) name of my seminar on art and architecture criticism that I finished this week. I had the idea for this class at the end of my first seminar on architecture exhibitions, when I remembered Alexandra Lange’s excellent book “Writing on Architecture” that I read on 2011. In this book, Lange explains her method for teaching architectural criticism to her students at NYU: they read and comment texts by important authors, they visit buildings, and the students write on them. It was thanks to this book that I discovered and fell in love with critics such as Ada Louise Huxtable, Herbert Muschamp, and Michael Sorkin.

Se me ocurrió entonces adaptar el concepto de Lange a edificios recientes en Ginebra e incluir crítica de arte contemporáneo, algo que conozco mucho menos por lo que sería una buena oportunidad para aprender. Para eso encontré “How to write on contemporary art” que me pareció muy completo y accesible.

Finalmente, para la primera clase hice una síntesis de “Better Living through Criticism” de A.O. Scott, el crítico de cine del New York Times. En este libro, Scott define lo que es la crítica y explica la importancia de los críticos en estos tiempos en los que muchas personas y empresas se benefician de que dejemos de cuestionarnos sobre lo que leemos, escuchamos o vemos. Me encantó porque cuenta también su experiencia personal, leyendo en periódicos sobre obras de teatro, conciertos o películas que no tenía la oportunidad de ir a ver cuando estaba joven. Los textos de los críticos le permitían no sólo informarse, pero también remplazar en cierta forma el acceso a la experiencia, a la espera del momento en que pudiera ver todo eso en directo. Es exactamente lo que sentía cuando leía Rolling Stone cuando estaba pequeña: no era suficiente escuchar la música, cuando se podía escuchar – porque antes no podía sencillamente bajarla con un torrent, me tocaba comprar los CDs – quería saber lo que los periodistas de Rolling Stone, y en especial Rob Sheffield, pensaban de los discos que me interesaban. Y más de alguna vez, le daba una segunda oportunidad a un disco que inicialmente había detestado sólo porque Rolling Stone lo consideraba brillante, y luego descubría que tenían razón (cf. “Sea Change” de Beck).

Armada de esos libros y de textos de cuatro críticos de arquitectura, Huxtable, Muschamp, Sorkin y Goldberger, y uno de arte, Dave Hickey, organicé mi clase de la siguiente manera: en la primera sesión expliqué el contenido y hablé de crítica de manera general. La segunda semana entramos en materia para hablar de crítica específicamente de arquitectura. Y la idea era que los estudiantes tuvieran que escribir todas las semanas. Ciertas semanas tenían que resumir textos de uno de los críticos en cuestión, para luego venir a comentar en clase sus impresiones sobre ellos. Otras semanas hacíamos visitas de campo y después de cada visita tenían que escribir un texto, que todos teníamos que leer y luego venir a comentar en clase también. Así fue como finalmente pude cumplir con mi sueño de organizar un taller de escritura.

Alternamos entre clases en la universidad y visitas de edificios, un método que quise implementar anticipando lo que me pasó en mi primer seminario temático: encontrarme con sólo 3 estudiantes. Generalmente, los seminarios temáticos están diseñados para que cada asistente y cada profesor propongan un tema, dé los fundamentos básicos y luego los estudiantes hagan presentaciones individuales. Eso funciona relativamente bien cuando se tienen entre 10 y 15 estudiantes, sabiendo que hay 13 clases por semestre. Pero cuando hay pocos efectivos se tiene que improvisar y trabajar muchísimo para rellenar las sesiones sin presentaciones, que fue justamente lo que me pasó el año pasado. Así que esta vez diseñé la clase para que funcionara sin importar cuántos estudiantes tuviera y funcionó. Tuve 5 estudiantes súper entusiastas, que no sólo participaron activamente (lo que cuesta un mundo normalmente) sino que además respetaron religiosamente el calendario de envío de sus textos.

Visitamos 3 edificios, que escogí entre las construcciones emblemáticas en Ginebra a partir del año 2000: la “Maison de la Paix”, que es la sede del Graduate Institute, una universidad privada de estudios internacionales, inaugurada en el 2013; el Museo de Etnografía de Ginebra, terminado en el 2014 y la manufactura y sede de Vacheron Constantin, una compañía de relojes de lujo cuyo edificio fue diseñado por Bernard Tschumi, con un primer edificio del 2004 y la extensión del 2012. En cada proyecto, tuvimos la suerte de tener visitas guiadas con gente que trabaja en el sitio. Visitamos también una exposición de arte contemporáneo, “Zeitgeist” en el Mamco, el museo de arte contemporáneo de Ginebra. Y para el último texto, cada estudiante escogió el edificio o la exposición sobre el que querían escribir.

De todas las cosas, la mejor parte fue cuando discutíamos los textos de los estudiantes. Cada uno explicaba su texto y luego los otros comentaban los aspectos positivos y los que se podían mejorar. Y cada semana se notaba la diferencia: al principio el reto para cada estudiante era encontrar su propio estilo, pero más adelante tenían que salirse de su zona de confort y experimentar cosas nuevas.

Me divertí muchísimo leyendo los textos de los estudiantes y animando las discusiones entre ellos y visitando edificios. Fue realmente un gusto y un privilegio haberlos conocido y haber compartido ese seminario con ellos.


I thought then to adapt Lange’s concept to recent buildings in Geneva and including contemporary art criticism, something I’m less familiar with so this would be the perfect opportunity to learn. For this, I found “How to write on contemporary art”, which I found very complete and accessible.

Finally, for the first class I did a summary of “Better Living through Criticism” by A.O. Scott, the New York Times movie critic. In this book, Scott defines what criticism is and explains the importance of critics in these times when so many people and companies benefit from us not questioning what we read, listen, or see. I loved it because he also tells his personal experience, reading on newspapers on theater plays, concerts, or movies that he did not have the chance to go see when he was young. The critics’ texts allowed him not only to know what was happening, but they also somehow replaced the actual experience, while waiting to have the chance to see things in person. That is exactly how I felt when I read Rolling Stone when I was younger: listening to music was not enough, whenever I managed to have access to it – because before you could not just simply download with a torrent, I had to actually buy CDs – I wanted to know what the Rolling Stone journalists thought of the albums I liked, especially Rob Sheffield.

Armed with those books and with texts from four architecture critics, Huxtable, Muschamp, Sorkin, and Goldberger, and with one of art, Dave Hickey, I organized my class in the following way: in the first session, I explained the content and spoke of criticism in general. On the second week, we started dealing with criticism specifically for architecture. The idea was that the students had to write every week. Some weeks they had to summarize texts from one of the critics in question, and later comment their impressions on them in class. Other weeks we had field trips and after each visit they had to write a text, which each one of us had to read and comment in class. That is how I finally fulfilled my dream of organizing a writing workshop.

We alternated between classes at the university and visits of buildings, a method I wanted to implement anticipating what happened to me during my first thematic seminar: to end up with just 3 students. Normally, thematic seminars are designed so that every teaching assistant or professor suggests a theme, teaches the basics, and then students do individual presentations. This works relatively well when you have between 10 to 15 students, knowing there are 13 sessions per semester. But when you have few students you have to improvise and work a lot to fill up the sessions that don’t have presentations, which is what happened to me last year. This time I designed the class so that it worked no matter how many students I had and it worked really well. I had 5 very enthusiastic students, who not only participated very actively (which is normally very hard), but they also respected the calendar I set up to send their texts.

We visited 3 buildings, which I chose between some of the main buildings in Geneva starting from the year 2000: the “Maison de la Paix”, the siege of the Graduate Institute, a private university of international studies, completed in 2013; the Museum of Ethnography of Geneva, completed in 2014, and the siege and manufacture of Vacheron Constantin, a luxury watch company, whose building was designed by Bernard Tschumi, with a first building from 2004 and its extension from 2012. We also visited a contemporary art exhibition, “Zeitgeist”, at the Mamco, the contemporary art museum in Geneva. And for the last text, each student chose their own building or exhibition.

Of all things, the best part was when we discussed the texts from the students. Each one of them explained their own text and then the others commented on the positive aspects and those that could be improved. And each week you could see the difference: at first, the challenge was for each student to find his or her own voice, and later it was to step out of this comfort zone and try new things.

I had so much fun reading the students’ texts, hosting their discussions, and visiting buildings. It was an enormous pleasure and a privilege to have met them and shared this seminar with them.

Maison de la Paix:

Alles ist Kritik

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Musée d’Ethnographie de Genève:

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